Uno lee el discurso de Antich, en su comparecencia para explicar la situación en la que estamos y las medidas a tomar, y no puede hacer otra cosa que quedarse estupefacto.
Es una sensación difícil de explicar, aunque la pregunta que rápidamente se presenta es la de : ¿en manos de quien estamos?. El discurso teñido de tópicos no contrastados e información sesgada es todo un ejercicio de una monumental excusa del tipo: “sea lo que sea nosotros no hemos sido”.
Desde compararnos con el crack del 29, a las imposiciones del Estado como si fueran ajenas, a las necesidades del mercado financiero sobre el sector publico. En algún momento alguien debería explicarnos porque las inclemencias de los mercados financieros dictan las políticas de los organismos públicos, pero eso es harina de otro costal.
Es lícito decir que otros países han acometido medidas, pero desde luego no como las españolas. Sin ir más lejos las medidas de Italia van más enfocadas a reducir el fraude fiscal y congelar los sueldos de los funcionarios que a tocar el bolsillo de contribuyentes y realizar recortes sociales.
Se entiende la necesidad de Antich de establecer lazos de unión con otros países europeos, siempre se sobrellevan mejor las penurias en compañía que a solas. La exposición sobre España demuestra un desconocimiento total sobre el país, y está salpicada de tópicos como una fiscalidad baja o gasto social bajo. Eso sería digno de otro artículo en el que gustosamente rebatiríamos a Antich con datos y vería lo burdo de su discurso.
El único punto de verdad en el discurso es el que menciona el ponernos al nivel que nos toca, y aquí es donde ya nos sentimos en el deber de contestarle. El cómo es posible que las Administraciones Publicas cerrasen con superávit del casi 2% del PIB en 2007 para acabar en 2009 con un déficit del 11 %.
Dentro de esa caída influyen muchos factores para mencionar ahora, pero básicamente el no gastarnos un dinero que no teníamos hubiese sido fundamental para no vernos en la situación en la que nos encontramos. Con esa política de austeridad a la que siempre deben estar sometidas las AA.PP, ya que se está jugando con el dinero de todos, el escenario en el que estaría España sería más similar a Italia y menos a Grecia.
Es jocoso escuchar a un presidente de Comunidad hablar de la necesidad ineludible de encauzar la Administración Autonómica hacia un nuevo camino de eficacia, eficiencia y austeridad. Esto nos hace preguntarnos cuales eran las premisas de actuación anteriores, quizás ¿ineficacia, ineficiencia y gasto desmedido?.
La supresión de las dos consejerías, la reducción del 5% a los salarios de los trabajadores públicos, la supresión de plazas no ocupadas, la reducción de empresas públicas a 82 de 169 para al final arrojar una bonita cifra de ahorro de 103 millones de ahorro nos da pistas que quizás las premisas si eran ineficacia, ineficiencia y gasto desmedido.
En fin toda una retahíla de despropósitos, en los que ahora además busca el apoyo en aras de una nueva era de esfuerzo y entendimiento, para acometer medidas poco populares, de nuevo las penas mejor en compañía. El Sr Antich es un conductor que viendo un muro en la lejanía ha pisado el acelerador para en el último momento dar un frenazo y volantazo, todos sabemos el desenlace de tal acción.
Y la pregunta sigue revoloteando: ¿en manos de quien estamos?
jueves, 3 de junio de 2010
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